Descripción
Se desarrolló un estudio con diseño descriptivo e inferencial, en el cual se aplicó una cédula de datos sociodemográficos y la Escala de Reserva Cognitiva a personas adultas de 18 años o más, residentes en todo México. Los instrumentos se aplicaron mediante un formulario electrónico, cumpliendo con la reglamentación vigente en materia de investigación para la salud. El análisis de los datos se realizó a través de estadística descriptiva e inferencial.
Los resultados mostraron que el 50.7% de las personas participantes presentó una baja reserva cognitiva, lo cual indica una menor capacidad para amortiguar el daño en la estructura cerebral en caso de presentarse, favoreciendo un proceso acelerado de declive cognitivo y la manifestación de enfermedad de Alzheimer. Asimismo, se identificó que, entre los factores del estilo de vida, el consumo de alcohol y los problemas para dormir incrementan el riesgo de presentar una baja reserva cognitiva.
Problemática
Es necesario realizar investigación para comprender de mejor manera qué factores del estilo de vida mejoran la reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para permanecer funcional a pesar de los daños generados en la estructura cerebral. El estudio de los factores que impactan mayormente la reserva cognitiva aún se considera en vías de desarrollo, ya que son escasos los estudios que han buscado identificar los factores específicos que favorecen a compensar o exacerbar el daño.
Objetivo
Determinar la asociación de los factores del estilo de vida con la reserva cognitiva en personas adultas mayores de 18 años.
Impacto
Esta investigación se integra a las acciones del ODS 3, así como a las propuestas de la Década del Envejecimiento Saludable, en la que se reconoce la necesidad de promover investigaciones que permitan comprender las necesidades actuales y futuras de las personas mayores. Lo anterior posibilita replantear la forma en que se estudian los problemas en la vejez, reconociendo la importancia de analizarlos no solo en personas mayores, sino también en etapas previas del curso de vida.
Este enfoque permite identificar y atender oportunamente el declive cognitivo, favoreciendo el retraso de sus manifestaciones y la prevención de complicaciones asociadas. A su vez, contribuye a reducir el gasto destinado a la atención de la demencia como un problema de salud pública e incrementar la inversión para que las personas mayores realicen mayores aportes a la sociedad.
