Descripción
Desde la Facultad de Pedagogía e Innovación Educativa (FPIE-UABC) se impulsa un programa orientado a promover “aprendizajes y saberes sin fronteras”, enfocado en la niñez y adolescencia migrante, indígena y en situación de exclusión social. La propuesta se sustenta en un enfoque inclusivo e intercultural crítico, que reconoce la educación como práctica de libertad (Freire, 1997), como diálogo de saberes (Walsh, 2009) y como ejercicio de justicia cognitiva (Shiva, 2005).
El proyecto se desarrolla principalmente en albergues migrantes de Mexicali, donde la niñez en tránsito convive y aprende de la cultura fronteriza, así como en comunidades indígenas como la cucapá, generando espacios de encuentro entre saberes escolares y comunitarios. De esta manera, se propone repensar la educación más allá del aula formal, comprendiendo los albergues y comunidades como territorios pedagógicos (Rockwell, 2007; Bertely, 2011) que posibilitan aprendizajes situados, resilientes y transformadores.
Problemática
La frontera norte de México, particularmente Mexicali, se configura como un espacio de encuentro, tránsito y asentamiento de múltiples comunidades culturales: pueblos originarios como los cucapá, comunidades migrantes nacionales e internacionales, población afrodescendiente y sectores históricamente marginados. Esta diversidad genera un entorno social y educativo complejo, donde conviven saberes, lenguas y prácticas culturales diversas que no siempre encuentran reconocimiento ni articulación en los espacios educativos formales.
Freire (1970) señala que la educación no puede desligarse de los contextos sociales y culturales en los que se desarrolla; por el contrario, debe partir de las experiencias y saberes de las comunidades para convertirse en un acto liberador. En la misma línea, Walsh (2009) advierte que la interculturalidad crítica debe comprenderse como una praxis política que cuestiona las desigualdades y abre posibilidades de diálogo entre saberes, más allá de una mera coexistencia multicultural.
En los últimos años, la intensificación de los flujos migratorios en la frontera México-Estados Unidos (Durand y Massey, 2019; OIM, 2022) ha convertido a los albergues migrantes en espacios clave para la socialización y el aprendizaje cotidiano de niñas, niños y adolescentes en tránsito. Estos albergues operan como “terceros espacios” (Bhabha, 1994), lugares intermedios donde se negocian identidades, se resignifican experiencias y se generan aprendizajes fronterizos que desafían las nociones tradicionales de educación.
Objetivo
Identificar las necesidades socioeducativas de niñas, niños y adolescentes en contextos de vulnerabilidad —migrantes en tránsito y asentados, comunidades indígenas originarias y población socialmente marginada—, con el fin de promover aprendizajes formales y comunitarios que fortalezcan sus trayectorias educativas y reconozcan sus saberes situados.
Impacto
El Programa Comunidad Educativa en Movimiento ha consolidado experiencias de educación no formal en albergues, comunidades indígenas y escuelas públicas de Baja California, promoviendo ferias pedagógicas sobre educación ambiental, educación emocional, matemáticas y lectura, además de actividades STEAM en preparatorias y albergues.
Estas acciones han permitido analizar la convivencia en contextos diversos —como los albergues de Mexicali, una escuela indígena bilingüe cucapá y primarias con población migrante en Ensenada—, visibilizando tensiones entre la cultura escolar y los saberes comunitarios, así como la necesidad de generar estrategias pedagógicas que reconozcan la pluralidad de identidades. Al mismo tiempo, las intervenciones socioeducativas enfocadas en la salud mental de niñas, niños y adolescentes migrantes se han constituido en espacios de cuidado y resiliencia frente a las condiciones de vulnerabilidad propias de la movilidad.
De manera crítica, el proyecto aporta a la reducción de desigualdades y al fortalecimiento del derecho a una educación de calidad (ODS 4 y 10), reconociendo que los albergues y comunidades son territorios pedagógicos donde emergen aprendizajes situados y diálogos de saberes. Más allá de lo asistencial, se avanza hacia una interculturalidad crítica (Walsh, 2009) que cuestiona las jerarquías epistémicas y propone una educación inclusiva desde y con las comunidades. Asimismo, la construcción de alianzas interinstitucionales y sociales se vuelve central, posibilitando un tejido educativo que transforme los modos de enseñar, aprender y convivir en la frontera norte de México.
