Descripción
La característica innovadora del proyecto radica en su carácter participativo e integrativo de todos los grupos de interés en los servicios socioecosistémicos, concebidos como lugares de encuentro, comprensión y aprendizaje. A través de la formación de alianzas multisectoriales, se busca refinar planes y proyectos originales, así como identificar y explorar nuevas oportunidades, incluyendo procesos de adaptación transformativa.
Problemática
En México, el 50 % de su superficie terrestre son zonas áridas con una alta diversidad de paisajes socioculturales, con ecosistemas costeros y continentales como matorral desértico, pastizales, bosques semiáridos y tierras de producción agrícola y ganadera. Actualmente, el deterioro ambiental incluye, entre otros, la conversión acelerada de la tierra a agricultura temporal y de riego, el sobrepastoreo por ganado doméstico, la introducción de especies exóticas forrajeras para la mejora de agostaderos, el desarrollo de infraestructura para acceder, almacenar y distribuir agua, la sedentarización voluntaria o forzada de remanentes de pastores nómadas, la urbanización acelerada y los proyectos inapropiados de restauración y aforestación, minería, la instalación de plantas de energía solar, parques eólicos y repositorios de residuos tóxicos. Asimismo, sequías prolongadas en los años 50, durante 2006-2012 y recientemente en 2020, el aumento en la variabilidad y frecuencia de eventos extremos de la precipitación e inundación asociado al cambio climático (Puigdefábregas, 1998; Stott, 2016) agravan la degradación de las zonas áridas, aunado a políticas públicas equivocadas en diversas zonas (Geist and Lambin, 2004; Huber-Sannwald et al., 2012; Cotler et al., 2013).
La desertificación es el proceso de degradación de las zonas áridas como resultado de varios factores, incluyendo variabilidad climática y actividades humanas. La degradación de la tierra es “la reducción o pérdida de la productividad biológica o económica y complejidad de las tierras de cultivo, agostaderos, bosques, resultado de cambio de uso de suelo o actividades humanas, patrones de habitación, causando: i) erosión eólica y/o hídrica de suelo; ii) deterioro de las propiedades físicas, químicas, biológicas o sus valores económicos de suelo; iii) pérdida de la vegetación natural a largo plazo” (UNCCD, 1994).
El manejo de los servicios ecosistémicos en las zonas áridas suele ser dirigido por modelos hegemónicos bajo una lógica de desarrollo y mercado, detonando disputas e injusticias socioambientales, dejando de lado las identidades e intereses de diversos actores (Ribeiro y Huber-Sannwald, 2020). La conservación, restauración y manejo de los servicios ecosistémicos deben considerar un ejercicio de gobernanza y gobernabilidad en el territorio y en la relación con los actores que intervienen en la gestión de las zonas áridas. Sin embargo, esto se ve obstaculizado por el escaso entendimiento de la complejidad de los contextos socioecológicos. Por ende, esta problemática nacional debe ser estudiada transdisciplinariamente, ya que se requiere el mismo contexto complejo que causa la degradación para la creación de soluciones (Colloff et al., 2017).
La coproducción de conocimiento se basa en un esfuerzo colectivo e incluyente que considera diferentes disciplinas de las ciencias sociales, naturales y de humanidades, y múltiples sectores, incluyendo el público y privado, asociaciones civiles, comunidades indígenas, entre otros. Es urgente monitorizar colectivamente el cambio en la diversidad, estructura y productividad de los ecosistemas, el aumento de eventos meteorológicos extremos como son sequías, la dinámica de la recarga de acuíferos, la seguridad alimentaria asociada a diferentes sistemas productivos, regiones ecogeográficas de las zonas áridas, así como señales de pobreza y desintegración social, para establecerlos como indicadores clave de la desertificación en las zonas áridas de México y así orientar políticas públicas hacia el desarrollo sostenible desde el nivel local hasta el global (según Geijzendorffer et al., 2017).
Existen Laboratorios Transdisciplinarios para la Sustentabilidad y/o la Conservación como el Laboratorio Nacional de las Ciencias de la Sostenibilidad (LANCIS) de la UNAM (http://lancis.ecologia.unam.mx/
), el Laboratorio Transdisciplinario para la Sustentabilidad (LaTSu) del ECOSUR, y el Observatorio Nacional de la Degradación de la Tierra y Desertificación (http://www.desertificacion.gob.ar/
) en Argentina. Estas redes de observación son excelentes desde el punto de vista biofísico, pero en el último faltan sistemas de monitoreo con la dimensión humana y social a todas las escalas (Václavik et al., 2016).
Objetivo
Este proyecto plantea la consolidación de cinco Observatorios Participativos Socio-Ecológicos como una plataforma transdisciplinaria local con múltiples actores, orientada a generar alianzas en la interfaz sociedad–naturaleza–conocimiento–políticas públicas. Su propósito es identificar, entender y dar voz e importancia al contexto social, económico, político y biofísico de los sistemas socioecosistémicos, para establecer el marco conceptual y operacional dentro del cual se construya un desarrollo sostenible.
Impacto
Monitoreo participativo con la comunidad sobre temas de cantidad y calidad del recurso hídrico, meteorología y biodiversidad.
Divulgación de buenas prácticas sustentables en foros públicos, redes sociales y escuelas, sobre los temas anteriores y sobre gobernanza.
Creación de viveros de plantas nativas para reforestar y concientizar a diferentes sectores de la población.


