Descripción
Registrar y evaluar la salud de los bancos de mejillones del ecosistema rocoso de La Bufadora frente a la actividad ambiental y turística, para incentivar medidas de adaptación que permitan una mejor articulación entre los actores clave y aumenten la capacidad de los sistemas socioecológicos para recuperarse o soportar los efectos derivados del cambio climático.
Problemática
Para mantener la conectividad y biodiversidad presentes en aguas de la península de Baja California (que incluso compartimos entre México, EE. UU. y Canadá), es prioritario implementar esfuerzos de protección en las áreas continentales que permitan la protección de la flora y fauna marina, así como los procesos de adaptación y resiliencia social y ambiental ante el cambio climático. Las aguas de la Península de Baja California forman parte de uno de los sistemas más productivos del planeta: el sistema de la Corriente de California. Este sistema es sensible a las variaciones naturales en el clima del océano, pero también se ve alterado por la actividad humana, lo que genera condiciones extremas que amenazan su biodiversidad y el sustento de sus usuarios. Los cambios en las condiciones del mar son provocados por el incremento de los gases de efecto invernadero (CO₂, etc.), al aumentar la retención de radiación en la atmósfera, resultando en un incremento irreversible de la temperatura global. El exceso de calor, junto con un tercio del CO₂ de origen antropogénico, se almacena en los océanos. Este fenómeno es responsable de eventos recurrentes de calentamiento, como las olas de calor marinas, la disminución en el pH del agua de mar y cambios en la disponibilidad de iones carbonatos, fundamentales para la construcción de los esqueletos de diversos organismos marinos y del intermareal. Una especie clave en estos ecosistemas son los mejillones, que, al ser organismos filtradores, pueden servir como especies indicadoras o centinelas de los cambios en la dinámica y salud del océano. Su nivel poblacional depende de procesos como el transporte, asentamiento y reclutamiento de larvas planctónicas que pueden provenir de sitios cercanos de la región Subcaliforniana. Sus larvas son liberadas a la columna de agua, en donde pueden permanecer ~35 días y dispersarse durante ese periodo a otras áreas, para formar bancos o agrupaciones en el intermareal. Las comunidades del intermareal rocoso son altamente productivas y brindan alimento a la población local; sin embargo, el desarrollo costero y la extracción de recursos han generado su degradación y, en consecuencia, se han perdido los servicios ecosistémicos que brindan. En zonas rurales y turísticas se agudiza este deterioro por la falta de infraestructura y manejo de los desechos. Lo anterior, aunado al aumento de la temperatura y la acidificación de los océanos, ha promovido un acelerado cambio en la dinámica de la zona del intermareal rocoso.
Objetivo
Establecer indicadores biológicos y socioecológicos de la dinámica poblacional de los bancos de mejillones que proporcionen la información necesaria para la planeación de OMEC (Otras Medidas Efectivas de Conservación basadas en áreas). Dichos indicadores contribuirán a la construcción de una línea base de información para el establecimiento de las estrategias de conservación planteadas y permitirán evaluar la sensibilidad de la comunidad del intermareal rocoso frente al impacto del cambio climático, particularmente ante el calentamiento extremo asociado a olas de calor marinas y atmosféricas, los cambios en la intensidad del oleaje y las variaciones en la química del dióxido de carbono en el agua de mar.
Impacto
Como principal logro se contempla la comparación del estado poblacional de los mejillones —considerando densidad, factor de condición, alimentación y reclutamiento— entre distintos sitios, así como su relación con el deterioro de la calidad del agua. Durante el primer año de financiamiento, se ha integrado a la comunidad de Punta Banda (ejidatarios del Ejido Esteban Cantú, locatarios y usuarios del Fideicomiso de La Bufadora) con el objetivo de comprender la dinámica socioecológica del área, la cual será clave para solicitar el establecimiento de Otras Medidas Efectivas de Conservación (OMEC).
En este proceso resulta fundamental identificar a los usuarios de los bancos de mejillones y de las especies asociadas al intermareal, ya que la extracción de recursos en estos ecosistemas suele ser no reportada o ilegal. A partir de ello, se generará una metodología que establezca los pasos a seguir para el establecimiento comunitario de las OMEC a largo plazo, considerando el enfoque prioritario u objetivo de cada OMEC, así como recomendaciones para superar los problemas y dificultades identificados en las distintas etapas.
Las redes sociales y la participación en eventos públicos se utilizarán como estrategias de comunicación dirigidas a la población de Ensenada y de la zona rural de La Bufadora, con el fin de dar a conocer la importancia ecológica y social de los bancos de mejillón y de la comunidad biológica del intermareal, las amenazas que enfrentan debido al cambio climático, el impacto de las actividades humanas y las formas en que la comunidad puede involucrarse en las actividades de monitoreo de la zona.
Las OMEC funcionan como fuentes de larvas que, al dispersarse, pueden contribuir a la repoblación de zonas sobreexplotadas o degradadas. Asimismo, la estrategia de recuperación abordada en este trabajo —entendida como un proceso de evaluación ambiental y ecosocial— podría adaptarse a otras especies de bivalvos calcificadores formadores de arrecifes o bancos, y aplicarse en otras bahías eutrofizadas.

